Conmemoración de los fieles Difuntos ¿Cuál es su historia?


 DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS ¿CUAL ES SU HISTORIA?

Por Tomás Giovanny Valencia

El día de los fieles difuntos no es el mismo que el día de los muertos, el cual se celebraba en la América precolombina.

El día de los fieles difuntos según la doctrina de la iglesia católica, se trata de una conmemoración en favor de todos los que han muerto, pero que aún no pueden gozar de la presencia de Dios. La Iglesia celebra la conmemoración de todos los fieles difuntos el día 2 de noviembre.

ANTECEDENTES, EXPANSIÓN  Y OFICIALIZACIÓN

La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua.

El profeta Jeremías en el Antiguo Testamento dice: «En paz morirás. Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por tí, y con él «¡ay, señor!» te plañirán, porque lo digo yo  oráculo de Yahveh» (Jeremías 34,5).

El libro 2° de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46)

En los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.

Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma. A San Agustín, le preguntó uno: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".

En el siglo VI, era costumbre en los monasterios benedictinos tener una conmemoración de los miembros difuntos en Pentecostés.

En España, en tiempos de San Isidoro de Sevilla ( 636), había un día semejante el sábado antes de sexagésima o antes de Pentecostés.
En Alemania existió para el día 1 de octubre (según el testimonio de Widukindo, abad de Corvey) una ceremonia consagrada a orar por los difuntos, la cual fue acogida por la Santa Sede.

Fue el monje benedictino abad del Monasterio de Cluny, llamado San Odilón u Odilo de francia quien sugirió la idea de la creación de un día en el que se honrase a los muertos. Su idea fue bien aceptada por otras congregaciones siendo la primera de ellas en aceptarla la Diócesis de Lieja en el año 1000, bajo el obispo Notger (1108).

Luego se halla en el martirologio de San Protadio de Besançon (1053-66). 


El obispo Otrico (1120-25) la introdujo en Milán para el 15 de octubre. 


En España, Portugal y América Latina es tradicional que los sacerdotes en este día celebren tres Misas. Una concesión similar para todo el mundo fue solicitada al Papa León XIII. No la concedió pero ordenó un Réquiem especial el domingo 30 de septiembre de 1888, su idea fue adoptada por Roma en el siglo XVI y de ahí se difundió al mundo entero hasta ser aceptado como fecha en la que la Iglesia lo celebra.


Fue en un primer momento el Papa Benedicto XIV que entre los años 1740 y 1754, quien prácticamente estableció esta conmemoración de manera casi oficial, porque concedió a los obispos y sacerdotes la celebración de tres Misas ese día, para orar por la memoria de los fieles difuntos.


El Papa Benedicto XV en 1915, la estableció de forma oficial  a toda la Iglesia Universal.


En el rito griego esta conmemoración se celebra en la víspera del domingo de sexagésima, o en la víspera de Pentecostés. 


BASE TEOLÓGICA DE ESTA CONMEMORACIÓN 


La base teológica de la fiesta es la doctrina de que las almas al salir del cuerpo no están perfectamente limpias de pecados veniales o no han reparado totalmente las transgresiones del pasado, son privadas de la visión beatífica, y que los creyentes en la tierra pueden ayudarles con las oraciones, la limosna y sobre todo por el Sacrificio de la Misa. La celebración del día de los difuntos es una expresión más del dogma que rezamos en el Credo llamado la “Comunión de los santos”, por el cual, los méritos y sufragios de los miembros de la comunidad pueden ser benéficos para los demás.


San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. 


El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (1030).


La Iglesia llama "Purgatorio" a esa purificación (de la cual habla los concilios de Florencia y Trento); y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14).


Recordemos lo que dice el Libro del Apocalipsis “al cielo no entrará nada manchado” Ap. 21, 27, por ello es deber nuestro orar y ofrecer sufragios por sus almas, para que sus faltas sean perdonadas y puedan entrar a la gloria eterna. La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)


CONSIDERACIONES


Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.


Ayudemos a los que han partido y  ofrezcamos nuestras plegarias por ellos.


Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor, los muertos rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.


Ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras.


El Papa Francisco en la Misa que ofició en el cementerio de Roma en 2014 afirmaba que: “El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios."


"Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios." -San Agustín

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