¿Que dice la Tradición de la Iglesia sobre la Comunión en la mano? ¿Cómo se fue dando el cambio en la boca?


 ¿QUÉ DICE LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA SOBRE LA COMUNIÓN EN LA MANO? ¿CÓMO FUE QUE SE DIO EL CAMBIO EN LA BOCA?

Elenita Ibarra


Es bien conocido, que antes del Concilio Vaticano II, la Comunión sólo se recibía con el pan eucarístico, puesto directamente en la boca de los fieles y fuera de la Misa.


Desde comienzos del siglo XX, con el Papa Pío X, se había superado el alejamiento del pueblo cristiano de la mesa eucarística; de hecho, desde los siglos medievales, la comunión se recibía raras veces, incluso por las personas más devotas.


Con todo, la admisión de los fieles a la comunión frecuente se consideraba prácticamente como un acto sacramental en sí mismo, independiente de la celebración eucarística. Se necesitó el trabajo del Movimiento Litúrgico para llegar a comprender la íntima unión entre la comunión y la celebración, tal como quedó expresado después en el númeral 55 de la Constitución conciliar sobre la liturgia.


En ese mismo númeral se retoma la antigua práctica de la comunión bajo las dos especies, es decir con el pan y el vino consagrados, si bien para los fieles laicos sólo en determinadas circunstancias.


En una deliberación posterior de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), estas circunstancias se fueron ampliando hasta "aquellas ocasiones en que hay celebraciones que ponen de manifiesto el sentido de la comunidad cristiana reunida en torno al altar".


En Mayo de 1969, con la instrucción "Memoriale Domini" sobre el "modo de distribuir la comunión", la "Congregación para el Culto Divino", concedió a las Conferencias Episcopales la facultad de introducir la práctica de la comunión poniendo el pan consagrado en la mano de los que comulgan. El documento admite que este era el modo usado en la Antigüedad.


"La Tradición de la Iglesia"


La comunión en la mano es la praxis seguida por todas las Iglesias durante el primer milenio, en las Iglesias occidentales duró al menos hasta el siglo IX, mientras que para Oriente sigue estando en vigor.


En esta breve colección de textos que sigue en un orden cronológico, presentamos algunos entre las más significativos testimonios sobre esta costumbre, tratando de hacer evidente no sólo lo que se refiere al gesto, sino también los que nos dan su sentido según el uso mixtagógico, poniendo en luz la profundidad espiritual.


1. Los orígenes


Uno de los primeros documentos que tenemos es una carta transmitida por Eusebio de Cesarea (265 - 340), en la que Dionisio, luego Obispo de Corinto (166 - 174), escribiendo al Papá Sixto I, había expuesto el caso de un fiel suyo que, habiendo sido bautizado por los herejes, pedía ser rebautizado: "Dado que esté ha asistido frecuentemente a la Eucaristía, ha respondido 'Amén' junto con los otros, se ha acercado a la mesa extendiendo las manos para recibir el Santo Alimento, ha tenido el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ¿cómo podría yo rebautizarlo?". (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, VII, 8,4). https://drive.google.com/file/d/1_WLO7OdytmKlSplajcm8CAwYQwiXCYYy/view?usp=drivesdk


Contemporánea a esta carta, es decir, fechable hacia el fin del siglo II y comienzos del III, es una inscripción en piedra llamada Pectorios, descubierta en Autun, en Francia. Tiene contenido eucarístico y funerario; usando el símbolo del Pez=Cristo, dice: "Oh estirpe divina del Pez celestial (...) toma el alimento dulce como la miel del Salvador de los santos, come, con hambre, teniendo el Pez en tus manos".


Es clara aquí la alusión al modo de recibir la comunión en estás comunidades.


En los primeros siglos del cristianismo (del II al IV), los apologetas lucharon contra los idolotitas (o adoradores de ídolos), y contra los herejes en defensa de la pureza de la fe cristiana. Una característica suya es la reafirmación de la importancia de recibir el Cuerpo de Cristo con manos puras, no contaminadas por los ídolos o los sacrificios paganos. Son páginas de intensa belleza, que muestran como un gesto, en apariencia sencillo, puede ser signo de fe verdadera y profunda.


Presentamos dos breves textos de Tertuliano (160.220) y de San Cipriano (+258). Tertuliano, en la obra "Sobre la idolatría", dice así:


"El celo de la fe llorando así hablara en este punto: ¿Es posible que un cristiano pase de los ídolos a la iglesia, de la oficina del demonio a la casa de Dios? ¿Es posible que eleve a Dios Padre las manos madres de los ídolos, que adore con esas manos que primero eran ellas mismas adoradas contra Dios?; que se acerquen al Cuerpo del Señor las manos se construían imágenes de los demonios (....)".


San Cipriano dice lo siguiente de quien recibe indignante el Cuerpo de Cristo: "Volviendo de los altares del demonio se acercan a la Eucaristía con manos sucias y manchadas (....) e invaden el Cuerpo de Dios con las fauces exhalando contagios funestos" (De lapsis, 15). "Habiendo intentado abrir su Tabernáculo, en el cual estaba la Eucaristía, con manos inmunidad, quedó aterrorizada por el fuego, para que no se atreviera a tocarlo. Otra persona, manchada de un delito, osó tomar parte escondidamente, junto con las otras en el sacrificio celebrado por el sacerdote, pero no pudo comer la Eucaristía porque, abriendo las manos, encontró sólo ceniza (....)" (De Lapsis, 26).

https://drive.google.com/file/d/1_VfNYFATu4BFUMohWdkfx5BreEK27pLD/view?usp=drivesdk



2. La mistagogia de los Padres


Son sobre todo los padres orientales de los siglos IV y V los que nos dan el sentido y la praxis de estos gestos, subrayando el gran respeto por la Comunión. Presentamos los más significativos:


Cirilo de Jerusalén (313 - 386), en sus "Catequesis Mistagógicas", es decir, en la catequesis homilética que el obispo hacía durante la semana "in albis" a los neófitos, bautizados, que recibirían que la Comunión por primera vez en la noche de Pascua, para revelarles el sentido de los gestos y de los misterios vividos en aquella noche santa, afirma: 


"Cuando te acercas, no avances con las palmas de las manos extendidas, ni con los dedos separados; en cambio, haz de tu mano izquierda un trono para tu mano derecha, puesto que ésta debe recibir al Rey y, en el hueco de la mano, recibe el Cuerpo de Cristo, diciendo 'Amen'. Santifica pues cuidadosamente tus ojos mediante el contacto con el Cuerpo Santo, después tómalo y ten cuidado de no perder nada, pues si tú perdieras algo, sería como si tú perdieras uno de tus miembros. Si te dieran unas pepitas de oro, ¿No las tomarías con grandísimo cuidado, poniendo atención en no perder ninguna y en no dañarlas? ¿Entonces no deberías en poner más atención en algo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas, de modo en no perder ni una migajita? Después de haber comulgado el Cuerpo de Cristo, acércate también al cáliz de su Sangre, no extiendas las manos, sólo con un gesto de adoración y respeto, diciendo 'Amen', santificate a ti mismo tomando también la Sangre de Cristo. Luego, esperando la oración, da gracias a Dios que te ha estimado digno de tan grandes misterios".

(Catequesis Mistagógica V, 21-22)

https://mercaba.org/TESORO/CIRILO_J/Cirilo_25.htm


Así, San Gregorio Nacianzeno (330-390), en la oración fúnebre por su hermana Georgina, recuerda que: 


"Se acercó al altar con el mismo lamento y con abundantes lágrimas, como aquellas que un día bañaron los pies de Cristo (Lc 7,38) y dijo que no se movería de allí hasta que obtuviera la curación: después de haber ungidos todo su cuerpo con esta medicina (sus lágrimas) y después de haber recibido en su mano el Cuerpo y la Sangre de Cristo, lo baño con las lágrimas y entonces (cosa maravillosa) descubrió que estaba curada y se alejó sanada no sólo del cuerpo, sino también del alma y del espíritu". https://drive.google.com/file/d/1_a5lE6CP_i901ElrSJHOFA-yMfTc-ZCg/view?usp=drivesdk


También San Juan Crisóstomo (354-407), llamado el doctor de la Eucaristía, nos dejó admirables páginas sobre el uso de la comunión en la mano. Con asonancia en términos e imágenes con San Cirilo, en la homilía 47 afirma:


"Acercándote pues, no pongas las manos extendidas, sino la izquierda sea apoyo de la derecha, teniendo ahuecada la palma, lista para acoger al Rey. Entonces, con gran temor, recibe el Cuerpo de Cristo, poniendo atención en que no se caiga de la mano algún fragmento y no despedaces el único Cuerpo. Del mismo modo, acércate a beber la santa Sangre, no extendiendo la mano, y diciendo 'Amen'. Y da gracias a Dios que te ha hecho digno de tan gran misterio". 


En otro lugar, en la "homilía sobre la Carta a los Efesios", recomienda la limpieza de las manos que deben recibir el Cuerpo de Cristo, signo de la pureza interior:


"Dime, ¿Irías con las manos no lavadas a la Eucaristía? Pienso que no, preferirías no ir con las manos sucias. En esta cosa pequeña eres tan atento, y luego te atreves a ir a recibir la Eucaristía con el alma impura? Ahora tienes el Cuerpo del Señor sólo por breve tiempo, mientras en el alma permanece para siempre (...) La más grande dignidad de quién recibe con la mano el Cuerpo del Señor respecto a los mismos serafines" (Homilía sobre la Carta a los Efesios 3, 4 y 6, 3).


El texto descriptivo más denso desde el punto de vista teológico y mistérico, está en la II Homilía sobre la Misa, de Teodoro de Mopsuestia (+428):


"Entonces cada uno de nosotros se acerca con la mirada baja y las dos manos extendidas. La mirada baja para expresar como un deber de conveniencia, la adoración, y es como una profesión de fe, porque recibe el Cuerpo del Rey, el que llega a ser Señor de todos por la unión con la naturaleza divina y es igualmente adorado como Señor de toda la creación. Y por el hecho de que las dos manos están igualmente extendidas, se reconoce verdaderamente la grandeza de lo que se va a recibir. Es la mano derecha la que se extiende para recibir la ofrenda, pero bajo de ella se pone la izquierda, y por este gesto de revela un gran respeto; si la derecha se extiende y tiene un rango más elevado, es porque recibe el Cuerpo regio, mientras que la otra sostiene y conduce a su hermana y compañera, no mirando ofensivo un papel de 'sierva' de la que le es igual en dignidad, a causa del Cuerpo regio que lleva. El Pontífice luego, mientras entrega la Eucaristía, dice: 'El Cuerpo de Cristo' y te enseña por estas palabras a no mirar lo que aparece, sino a representarte en el corazón en lo que se ha transformado y que es, por el Espíritu Santo, el Cuerpo de Cristo".

(II Homilía sobre la Misa, 27-28)


De fines del siglo IV es también una inscripción métrica llamada de Alejandro, encontrada en África, en Tipasa que dice así: "Toda la gente cristiana, cantando cantos sagrados, se alegra de extender las manos para recibir el sacramento".


< Algunas particularidades >


Todavía en el siglo VI-VII tenemos noticias sobre el uso de la comunión en la mano: desde el punto de vista iconográfico tenemos miniaturas en el Evangeliario Edesa, dónde está representada una escena de comunión en la que se nota la forma cruzada de las manos.


También los Padres de estos siglos atestiguan este uso: por ejemplo, San Juan Damasceno (657-659), en la obra sobre la fe ortodoxa, dice: "Acerquémonos pues con temor, con la conciencia pura y con gran fe: nos será dado tal como creemos, sin dudar. Acerquémonos a El con deseo ardiente y puestas las manos en forma de cruz recibamos el Cuerpo del crucificado (…)".

https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Damasceno


Cesario de Arles (470-452) atestigua también la praxis de lavarse las manos antes de recibir la Eucaristía. Y para las mujeres, el uso de pequeñas telas blancas para poner en ellas el Sacramento: "Todos los hombres,cuando deseen comulgar, lávense las manos, y las mujeres usen cándidas telas dónde reciban el Cuerpo de Cristo" (Sermón 227.5).

https://drive.google.com/file/d/1pagDFuNk_aTP_6owuvc7IF2DX0ke4Mhc/view?usp=drivesdk


En muchos lugares además se usaba besar la mano del sacerdote antes de recibir el pan eucarístico.


Todos estos textos y muchos otros que directa o indirectamente hablan de esta praxis durante el primer milenio subrayan la simbología y dignidad de recibir el Cuerpo de Cristo en las propias manos; sin embargo, a partir del siglo IX es siempre más y más testimoniada la comunión en la lengua. El cambio se hizo lentamente, sin intervenciones magisteriales o reacciones especiales por parte del pueblo. Analicemos brevemente las causas.


COMO SE DIO EL CAMBIO


Desde la antigüedad cristiana se usaba dar la comunión en la boca a los enfermos y a los niños. Tenemos un texto del siglo VI que habla de la comunión Dada en la lengua a un enfermo mudo y paralítico, y en el siglo IX, este modo de dar la comunión era visto como propio de los enfermos. Del mismo modo, sabemos que sólo en el siglo XII desaparece en Occidente la comunión bautismal a los infantes.


Sin embargo, en el siglo IX, una disposición conciliar en Rouen (878) ratifica la nueva costumbre, estableciendo que la Eucaristía debía ser dada a los laicos no en la mano sino en la lengua. Así, Regino de Prüm, en una colección canónica, el libro de "las cuestiones sinodales", compuesto en 906, dice:

"Por lo mismo, a ningún laico o mujer se le de la comunión en la mano, sino sólo en la boca, y con estas palabras: 'El Cuerpo y la Sangre de Cristo te aproveche para el perdón de los pecados y para la vida eterna' ".


Las causas eran varias, una eran los abusos, por eso es que algunos sínodos obligaron a tomar la Eucaristía apenas recibida de las manos del sacerdote.


Otra posible causa hay que buscarla en el hecho que, desde el siglo IX se prefieró utilizar el pan ácimo, es decir, sin levadura, para la comunión. Estos delicados trozos de pan eran delgados, planos, redondos y blancos. Presentaban riesgos menores de soltar migajas y se adherían mejor sobre la lengua húmeda que el pan con levadura que hasta entonces se usaba.


Pero la causa que más pesó fue ciertamente un nuevo modo de concebir la liturgia, la figura del sacerdote y la reverencia a la Eucaristía.

 

El Concilio de Rouen, citado más arriba, estableció también la norma de que el sacerdote de la Misa cantada debía dar la Eucaristía en las manos sólo al diácono y al subdiácono como ministro del altar. En seguida, este derecho fue limitado sólo al sacerdote y al diácono. Por lo mismo, sólo manos consagradas podían tocar el Cuerpo de Cristo, así como sólo al sacerdote competía la unción de los enfermos y la bendición de los objetos.


En efecto, la liturgia en este periodo tiende a clericalizarse más, creando una cierta separación entre el sacerdote y el pueblo. En esta época desapareció en la celebración eucarística la Oración universal y la presentación de los dones por parte los fieles, mientras se van haciendo las primeras separaciones entre nave y presbiterio. Durante la Misa, toman siempre mayor importancia los gestos y el papel del sacerdote, mientras que el de los fieles se va haciendo menos activo en comparación de los primeros siglos. El simple fiel se siente indigno de tocar el Cuerpo de Cristo y de comulgar frecuentemente en el banquete eucarístico. Son los primeros signos de una nueva devoción a la Eucaristía, que encontrará en el siglo XII - XIII un notable desarrollo; la Eucaristía como misterio para venerar más que para comer, signo sensible de la presencia de Dios, para verse y contemplarse (nacerá así la elevación durante la consagración).


El paso de la comunión sobre la lengua determinó también el cambio de la postura del cuerpo. Mientras que en los primeros siglos los fieles recibían la comunión de pie, en Oriente, en el siglo X, en Occidente en el siglo XI, nació la costumbre de recibir la hostia consagrada de rodillas, actitud que quiso ser signo de respeto. Muy pronto se empezó a dar la comunión a los fieles arrodillados ante una tela blanca de lino, sostenida por dos acólitos: esta tela servía para recoger partículas.


Desde el siglo XIII aparecen cada vez más los documentos que hablan de la existencia de una balaustrada, colocada entre el presbiterio y la nave de la Iglesia. La norma más antigua al respecto nos viene del sínodo de Génova, en 1574.


En el siglo XVI se empezó a poner la tela de la comunión sobre la balaustrada: ya en el siglo XVII la balaustrada se encuentra prácticamente en todas las iglesias de nuestras regiones.


Recibir la comunión de rodillas y la balaustrada llegaron a ser dos características del periodo en que se usaba dar la comunión en la boca.


LA CARTA ANEXA 


La instrucción «Memoriale Domini» sobre el modo de administrar la comunión (29-mayo-1969) fue acompañada por una "carta anexa" de la Congregación para el Culto Divino en la que se daban normas concretas sobre la modalidad de recibir el Pan eucarístico en la mano. Son las siguientes:


1. La nueva manera de comulgar no deberá ser impuesta de modo que excluya el uso tradicional. Lo importante es que cada fiel tenga la posibilidad de recibir la comunión sobre la lengua, al modo tradicional, y al mismo tiempo otras personas puedan recibir la hostia en la mano. En efecto, las dos maneras de comulgar pueden coexistir sin dificultad en la misma acción litúrgica. Así nadie encontrará en el nuevo rito una causa de turbación a su propia sensibilidad espiritual hacia la Eucaristía, y también este Sacramento, que por su naturaleza es fuente y cauce de unidad, no se convertirá en ocasión de división entre los fieles.


2. El rito de la comunión dada en la mano del fiel no deberá ser aplicado sin discreción. En efecto, puesto que se trata de una actitud humana, está ligada a la sensibilidad y a la preparación del que la toma. Conviene, pues, introducirlo gradualmente, comenzando por unos grupos más preparados. Es necesario, sobre todo, hacer preceder esta preparación de una catequesis adecuada para que los fieles comprendan exactamente el significado del gesto y lo realicen con el respeto debido al Sacramento. El resultado de esta catequesis debe de excluir cualquier apariencia de cesión en la conciencia de la Iglesia sobre la fe en la presencia eucarística, y también cualquier riesgo a que sea un peligro de profanación.


3. La posibilidad que se da al fiel de recibir en la mano y de llevar a la boca el pan eucarístico no le debe ofrecer la ocasión de considerarlo como un pan ordinario o una cosa sagrada cualquiera; debe, al contrario, aumentar en él el sentido de su dignidad de miembro del Cuerpo místico de Cristo, en el cual está insertado por el bautismo y por la gracia de la Eucaristía, y también acrecentar su fe en la gran realidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor, que él toca con sus manos. Su actitud de respeto será proporcionada a lo que él comprenda.


4. Respecto a la manera de hacerlo se podrán seguir las indicaciones de la tradición antigua, que ponía en relieve la función ministerial del sacerdote y del diácono, que depositaba la hostia en la mano del comulgante. En todo caso, los fieles deberán consumir la hostia antes de volver a su sitio y la intervención del ministro será subrayada con la fórmula habitual: «El Cuerpo de Cristo», a la cual el fiel responderá: «Amén.»


5. Cualquiera que sea la forma adoptada, póngase atención en no dejar caer ni dispersar los fragmentos del pan eucarístico, así como tener una actitud conveniente del gesto en las manos según el uso de los diversos pueblos.


6. En el caso de la comunión bajo las dos especies, distribuida por intinción, no está permitido depositar en la mano del fiel la hostia mojada en la Sangre del Señor.


7. Los Obispos que hayan permitido la introducción del nuevo modo de comulgar deben enviar a esta Sagrada Congregación, en el plazo de seis meses, una relación sobre el resultado de esta concesión.

https://misadiaria.blogspot.com/2016/05/instruccion-memoriale-domini-sobre-el.html



Por último, les dejo un extracto del escrito de José Aldazabal. (Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe. Coordinación General de la Pastoral del Santuario)


< Motivos de una preferencia >


Los dos modos de recibir el Cuerpo del Señor tienen sentido, y los dos pueden expresar igualmente nuestra comprensión y nuestro respeto al misterio eucarístico. Son varios, sin embargo, los motivos que han llevado a muchos a preferir la comunión recibida en la mano:


* parece un modo más natural de realizar el rito; es más normal depositar lo que se ofrece en la mano que en la boca;


* es más delicado y más respetuoso con la persona que va a comulgar, que así tiene también una intervención más activa en la comunión: la recibe del ministro eclesial, pero a la vez es él que "se comulga" a sí mismo; recibirla en la boca expresa bien que "recibimos" la Eucaristía por mediación de la Iglesia, pero hace menos transparente nuestra intervención activa en el rito;


* es más fácil el diálogo que acompaña al gesto: "Cuerpo de Cristo", "Amén": no se dice mientras se tiene que abrir la boca, sino mientras se recibe en la mano;


* expresa más claramente la dignidad del cristiano laico: por el Bautismo todos formamos parte del pueblo sacerdotal, todos somos hijos y hermanos en la familia de la Iglesia; esta modalidad "debe aumentar en él el sentido de su dignidad de miembro del Cuerpo Místico de Cristo, en el cual está insertado por el Bautismo y por la gracia de la Eucaristía, y acrecentar también su fe en la gran realidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor, que él toca con sus manos" (carta anexa a la instrucción "Memoriale Domini").


< El sentido de una mano extendida que recibe >


Nuestras manos tienen evidentemente una gran fuerza expresiva. En muchas ocasiones se convierten en nuestro lenguaje más elocuente, junto con la mirada. Manos como signo de actividad, de trabajo, de fraternidad. Manos consagradas de sacerdote. Manos que se lavan antes de la Eucaristía como signo de purificación interior. Manos que se elevan, vacías hacia el cielo en gesto de oración. Manos que ofrecen o que reciben.


Todo ello nos habla de unas manos que se convierten en un retrato simbólico de las actitudes interiores. Alguien ha dicho que la mano es la inteligencia hecha carne. Acudir a la comunión con la mano abierta quiere representar plásticamente una actitud de humildad, de espera, de pobreza, de disponibilidad, de acogida, de confianza. Ante Dios, nuestra postura es la del que pide y recibe confiadamente. Y la comunión del Cuerpo de Cristo es el mejor Don gratuito que recibimos a través del ministerio de la Iglesia. Esa mano tendida habla claramente de nuestra fe y de nuestra postura interior de comunión.


Las dos manos abiertas y activas: la izquierda, recibiendo, y la derecha apoyando primero a la izquierda, y luego tomando personalmente el Cuerpo del Señor: dos manos que pueden ser signos elocuentes de un respeto, de una acogida, de un "altar personal" que formamos agradecidos al Señor que se nos da como alimento salvador.


< No "tomar", sino "recibir" >


El decidirse por la mano o por la boca a la hora de comulgar no tiene excesiva trascendencia. Ambas maneras pueden ser respetuosas y expresivas.


Pero hay un aspecto que sí vale la pena subrayar: no es lo mismo "tomar" la comunión con la mano que "recibirla" del ministro. El recibir los dones de la Eucaristía, el Cuerpo y Sangre de Cristo, de manos del ministro (el presidente o sus ayudantes) expresa mucho mejor la mediación de la Iglesia. Los sacramentos no los cogemos nosotros, sino los recibimos de y por y en la Iglesia.


La comunión no debe convertirse en un "self-service", sino una celebración expresiva no sólo del sentido personal del don sino también de su dimensión comunitaria.


Así que, sea cual sea la forma exterior del rito, lo que de veras importa es su finalidad última: que el cristiano que comulga entre en sintonía agradecida con el Don de Cristo, que responda interiormente, con fe y amor, a la donación del Cuerpo y Sangre de Cristo. Y que exprese que esto sucede en el ámbito de la acción eclesial, no sólo en clave de devoción personal.

https://www.cem.org.mx/Especialistas/2796-RECIBIR-LA-COMUNI%C3%93N-EN-LA-MANO.html


Dios los bendiga 🙏🏻

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