La resurrección de los hombres

 

LA RESURRECCIÓN DE LOS HOMBRES

Edición de Elenita Ibarra


-La Resurrección de Jesús-

La resurrección del señor es un hecho histórico tan sorprendente como consolador para las expectativas humanas que no se conforma con la muerte. Este acontecimiento singular no es algo cerrado en sí mismo. La Revelación nos asegura que jesús no sólo ha resucitado, sino que el mismo es "la resurrección y la vida" (Jn 11,25). Jesús ligó la fe en la resurrección a la fe en su propia persona y será Él mismo "el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él" (Jn 5,24-25; 6,40). "Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen" (1Cor 15,20); y "es el primogénito de entre los muertos" (Col 1,18). "Porque como por un hombre (Adán) vino la muerte, también por un hombre (Cristo) vino la resurrección de los muertos" (1Cor 15,21). Nuestra resurrección será imagen de la suya: "Y así como llevamos la imagen del (Adán) terreno, llevaremos también la del celeste (Jesucristo)" (1Cor 15,49).


-Nuestra resurrección-

Nuestra resurrección está fundada en nuestro Bautismo. En su Carta a los Romanos, San Pablo da una explicación teológica del estrecho vínculo entre el Bautismo y la Resurrección: "Hemos sido, pues, sepultados con Él en su muerte mediante el bautismo, para que como Cristo se levantó de entre los muertos por la gloria del Padre, llevemos también nosotros una vida nueva" (Rom 6,4).


Esa vida nueva es la del Espíritu Santo que a sido derramado en el Bautismo. "Si el Espíritu de quién resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos habita en nosotros, Él que a levantado a Cristo Jesús de entre los muertos hará vivir también nuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que habita en nosotros" (Rom 8,11).


"El Espíritu de Dios es quien toma los miembros de los muertos que están dispersos sobre la tierra y les lleva al cielo" (San Irineo - Contra las herejías, libro V, c. 9, sec. 4).


Cristo resucitado, es principio y fuente de nuestra resurrección futura:


".....la Resurrección de Cristo —y el propio Cristo resucitado— es principio y fuente de nuestra resurrección futura: "Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron [...] del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo" (1Co 15, 20-22). En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles. En Él los cristianos "saborean [...] los prodigios del mundo futuro" (Hb 6,5) y su vida es arrastrada por Cristo al seno de la vida divina (cf. Col 3, 1-3) para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2Co 5, 15)." (Catecismo de la Iglesia Católica N° 655)


-¿Cómo resucitaremos?-

La Iglesia en su Magisterio enseña cuatro puntos sobre este tema (Ver el Catecismo de la Iglesia Católica numerales del 992 al 1004):


1 - Todos los hombres que han muerto resucitarán al fin del mundo.


2 - Está resurrección será sin excepciones, pues, alcanzará a todos.


3 - Se resucita con el mismo cuerpo.


4 - Habrá un juicio; y "los que hayan hecho el bien, resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5,29).


En los símbolos de la fe y en los documentos del Magisterio de la Iglesia son variadas las fórmulas que expresan está verdad: Resurrección, resurrección de la carne, de esta carne en la que ahora vivimos, etc. Pablo VI en el Credo del Pueblo de Dios, recogiendo el sentir de la Iglesia y en nombre propio, tras proclamar su fe en la existencia de las almas después de la muerte, dice: "la cual (la muerte) será destruída totalmente el día de la resurrección, en el que estás almas de unirán con sus cuerpos".


El Catecismo de la Iglesia dice: "¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: "mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo" (Luc 24,39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora" (Cc. de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44)" (Catecismo de la Iglesia Católica N° 999).


""Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vuelven?" (1Cor 15,49).


La respuesta es que nuestros cuerpos resucitarán de modo similar al cuerpo de Cristo resucitado, conforme a "la imagen del (Adán) celeste".


De hecho, nunca figura en el Nuevo Testamento la designación absoluta el Resucitado. Siempre, tanto en los evangelios como en las epístolas, se aparece Jesús.

Los Apóstoles, los discípulos, las mujeres, ven a Jesús, el Señor (Luc 24,34), al Señor Jesús, a Jesús el Nazareno (Mc 16,6), a Jesús el crucificado (Mt 28,5), al mesías (1Cor 15,5s).


Habrá, pues, una transformación del cuerpo actual: "Es necesario que esto corruptible se revista de incorruptibilidad, y esto mortal, se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito; "La muerte a sido absorbida por la victoria" (1Cor 15,53-54).


La pregunta, pues, de como resucitan los muertos tiene está respuesta: con un cuerpo trasfigurado y glorioso según el modelo del de Cristo (Ver el Catecismo de la Iglesia N° 999).


Utilizando la imagen de la semilla que al sembrarse se transforma en una planta distinta y más vistosa y rica, San Pablo señala algunas cualidades de los cuerpos gloriosos, y que la Iglesia denomina: incorrupción o impasibilidad, gloria o resplandor, poder o agilidad, sutileza o espiritualidad.


La transformación de los cuerpos resucitados es declarada en la Liturgia de la Iglesia. En uno de los Prefacios para las Misas de Difuntos se dice:


"En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, si deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo" (Misal Romano).


Cómo en el proyecto de Dios al crear al hombre estaba la voluntad de que no muriera, el perder está prerrogativa por el pecado, la resurrección de los muertos viene a restaurar la primitiva condición del hombre, mejorándola. Se puede considerar como una garantía divina accesoria del logro de esta última meta, el hecho de que la existencia resucitada de Cristo, que es causa eficiente, ejemplar y final de toda resurrección, se haya impuesto ya perfectamente en María a consecuencia de su especial y única relación con Cristo.


-¿Cuándo resucitaremos?- 


La Revelación es clara en este asunto: En la Parusía, al final de los tiempos (ver Catecismo de la Iglesia, Numeral 1001).


Con todo, esto no quiere decir que mientras llegué ese momento los que murieron en el Señor no disfruten ya de su visión, como sostenían algunos apoyándose en la Carta a los Hebreos 11,40.


En el siglo XIV, Benedicto XII tuvo que condenar la opinión que mantenía que las almas de los elegidos debían esperar hasta la resurrección final para gozar de la visión de Dios en el cielo: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Luc 23,43). Sin embargo, el "estarás conmigo", ¿No implica estar con el Señor en lo consiste la vida eterna? "Dónde está Jesucristo allí está su Reino" (San Ambrosio).


En resumen, al fin del mundo resucitarán los cuerpos de todos los hombres de todos los tiempos, pero los que mueran en gracia de Dios, y no deban pasar por el Purgatorio, disfrutan de la visión beatífica desde después de la muerte. Los que mueran en pecado no.


Dios los bendiga 🙏🏻


Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica

Padres Apostólicos

Escatología - Justo Luis R. Sánchez

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